En el Gran Tucumán, casi tres de cada 10 trabajadores buscan un ingreso extra para sostenerse. Son más de 131.000 personas que, pese a tener empleo, necesitan sumar otra fuente de dinero para llegar a fin de mes. La desocupación se mantiene relativamente baja, en torno al 5,6%, pero el dato esconde una realidad más compleja: tener trabajo ya no garantiza tranquilidad económica.
Durante mucho tiempo, asumir horas extras, emprender una actividad paralela o sumar un segundo empleo estuvo asociado a una idea de progreso. El esfuerzo adicional tenía un destino concreto: comprar una casa, cambiar el auto, ahorrar para las vacaciones o mejorar la calidad de vida de la familia.
Hoy esa lógica parece haberse invertido.
Para Fernando Marengo, economista jefe de BlackTORO, el crecimiento del pluriempleo refleja una transformación profunda en la forma en que las familias utilizan sus ingresos.
El sexo también paga la crisis: cómo el pluriempleo afecta el deseo y las parejas“Dependiendo del momento y del nivel socioeconómico, el pluriempleo podía significar el acceso a bienes de confort o esparcimiento”, explica. “Sin embargo, en la realidad que enfrentamos hoy, en la que hay una economía fuertemente fracturada entre sectores ganadores y perdedores del nuevo modelo, ese segundo o tercer ingreso está estrictamente asociado a llegar a fin de mes de una manera un poco más confortable, y no con las vacaciones”.
La diferencia parece sutil, pero cambia por completo el sentido del esfuerzo. Antes el ingreso extra funcionaba como una herramienta para avanzar. Hoy muchas veces cumple una función defensiva: evitar perder poder de compra o sostener consumos básicos.
En otras palabras, el segundo trabajo ya no necesariamente acerca a una meta. En muchos casos sirve para no retroceder.
Ese fenómeno ayuda a explicar una paradoja cada vez más frecuente en la Argentina actual. Hay personas que trabajan más horas que hace algunos años y, sin embargo, sienten que están más lejos de alcanzar ciertos objetivos que históricamente definieron a la clase media.
La vivienda propia, el ahorro o la posibilidad de planificar gastos importantes aparecen cada vez menos asociados al salario de una actividad principal.
Según Marengo, esta situación también refleja una creciente fragmentación dentro de la economía argentina. Mientras algunos sectores vinculados a actividades más dinámicas logran sostener o mejorar sus ingresos, otros enfrentan mayores dificultades para acompañar el costo de vida.
Esa heterogeneidad explica por qué conviven experiencias económicas tan distintas dentro de una misma provincia o incluso dentro de una misma ciudad.
La consecuencia es que cada vez más hogares dependen de múltiples fuentes de ingresos para sostener un nivel de vida que antes podía financiarse con un único empleo.
La otra cara del pluriempleo en Tucumán: la batalla diaria entre dos trabajos, el estudio y un hijo a cargoEl fenómeno atraviesa distintas actividades y perfiles laborales. Profesionales que realizan trabajos adicionales, empleados que suman changas durante los fines de semana, trabajadores independientes que amplían horarios o familias que desarrollan pequeños emprendimientos para complementar ingresos forman parte de una misma tendencia.
La discusión, sin embargo, excede la cantidad de horas trabajadas. Lo que está cambiando es la relación entre esfuerzo y recompensa.
Marengo considera que allí está una de las principales diferencias respecto de otras etapas de la economía argentina. "Venimos de una época en la que el sacrificio era visto como algo virtuoso en sí mismo. Trabajar más horas tenía una recompensa clara porque permitía acceder a determinados bienes o mejorar la calidad de vida", señala.
Dos trabajos, un hijo y una carrera: la historia de una psicóloga que encontró en el pluriempleo la forma de progresarHoy, en cambio, la sensación es distinta. El ingreso adicional ya no siempre está asociado a una mejora concreta, sino a la necesidad de sostener un determinado nivel de consumo o evitar un deterioro mayor de los ingresos familiares.
Durante décadas, buena parte de la clase media construyó sus expectativas alrededor de una idea sencilla: estudiar, trabajar y progresar. Sin embargo, Marengo advierte que las generaciones más jóvenes comenzaron a revisar esa lógica.
"Los jóvenes hoy ya no encuentran virtud en el sufrimiento o en el sacrificio vano. Priorizan su tiempo y ponen otras vivencias al mismo nivel que la obligación laboral", reflexiona.
La observación abre un interrogante más amplio sobre el futuro del trabajo y las expectativas de progreso. Porque si durante años el esfuerzo extra aparecía como un camino para crecer, hoy muchas personas sienten que trabajan más simplemente para mantenerse en el mismo lugar.
“Tener varios kioscos”: la frase de Tania Cruz para explicar por qué trabaja en tres lugares y sigue viviendo con su mamáPor eso el crecimiento del pluriempleo no puede leerse únicamente como un dato laboral. También funciona como un indicador de las dificultades que enfrentan miles de hogares para transformar trabajo en bienestar.
"El desafío es generar riqueza y crecer de manera sostenida. Si no logramos agrandar la torta, la discusión termina siendo siempre cómo repartir algo que no alcanza", concluye Marengo.